miércoles, 4 de julio de 2012

Guainía, fauna y pueblos indígenas



Dada su variedad ecosistémica, megadiversidad y pluriculturalidad, la Región Amazónica colombiana es considerada como la mayor reserva biológica y cultural del país y del mundo con un potencial incuantificable de recursos para el futuro si se mantiene una adecuada protección y  aprovechamiento de los mismos. Los recursos faunísticos son incalculables razón por la que Colombia ostenta uno de los primeros lugares a nivel mundial en diversidad de especies animales. El Guainía como departamento de Colombia y como parte de la gran Reserva Amazónica mantiene una riqueza fáunica incólume si se tiene en cuenta que junto con los departamentos de Amazonas y Vaupés poseen la mayor concentración de ecosistemas menos intervenidos por agentes humanos. Desafortunadamente, muchas especies animales han sido explotadas en forma irracional por el colono quien evade las leyes y los organismos de protección animal para traficar con ellas, en forma indiscriminada, a pesar de que últimamente los controles sobre la explotación de los recursos naturales y del medio ambiente han aumentado. La megadiversidad faunística está representada en esta región por la presencia de numerosos mamíferos, aves, reptiles, peces, anfibios, invertebrados de toda índole e infinidad de microorganismos.

Cuando visitamos las comunidades indígenas del Guainía y nos desplazamos por algún sendero selvático, quedamos impresionados al contemplar diversidad de aves de distintos tamaños y colores, reptiles que huyen despavoridos a nuestros pies, primates que se desplazan abrazando los árboles e insectos que intranquilizan nuestro andar acariciando o picando nuestro cuerpo; entonces nuestro recorrido se nutre de toda clase de sonidos, silbidos, cantos y algarabías de ese vasto zoológico henchido de libertad en medio de la oscura selva. En el Guainía se localiza la Reserva Nacional Natural Puinawai donde emergen cantidad de especies animales, vegetales y ecosistémicas. Según la Unidad de Parques Nacionales de Colombia, en la Reserva Puinawai últimamente se han encontrado y clasificado muchas especies de animales, entre ellas 31 especies de peces, de las cuales 16 son de consumo y 15 ornamentales. En esta reserva también se han descrito 90 nuevas especies de aves, 28 de murciélagos y 36 de mamíferos. Esta riqueza faunística ha convalidado el reconocimiento del que es merecedor Colombia, como el segundo país más biodiverso del mundo después de Brasil,  pues ostenta el primer lugar mundial en especies de aves y mariposas diurnas, segundo lugar en especies de primates, anfibios y peces de agua dulce y tercer lugar mundial en vertebrados terrestres, entre otros.

Lamentablemente, tanta riqueza fáunica no ha sido valorada como tal, pues ha tenido momentos de sobre explotación y exterminio por parte del colono en su afán de lucrarse de los recursos del Guainía. En este sentido, no es nada placentero recordar  la época de los tigrilleros o canaguaros que enlutó la historia del reino animal, en este contexto, durante las décadas de los 50 y 60 del siglo XX, cuando las selvas guainianas se tornaron en lugares de explotación y exterminio de muchas especies de animales por cientos de hombres que habían quedado vacantes luego de la bonanza del caucho. Millares de animales salvajes como tigrillos, jaguares, panteras, caimanes, babillas, además de perros de agua, venados, lapas, micos o cualquier animal que tuviese beneficio por su carne, piel, poderes curativos y afrodisíacos, como mascotas y como modelos de investigación biomédica, sucumbieron ante este comercio ilegal de explotación para beneficio en el territorio patrio y, sobre todo, en el extranjero. Tampoco se salvaron las aves como el caso de los loros, guacamayas y garzas blancas, especialmente estas últimas, cuyas plumas eran apetecidas para adornar los vestidos y abanicos de las mujeres europeas de la “Belle Époque.

Apenas dos décadas atrás, la legislación ambiental comenzó a tomar sentido en lo referente a la protección del reino animal en Colombia. Con la creación de la Reserva Nacional Natural Puinawai adscrita al Sistema de Parques Nacionales Naturales y constituida legalmente mediante Resolución 123 del 21 de septiembre de 1989, se dio comienzo a la protección de los recursos naturales y ambientales en un contexto específico, en un área protegida de carácter nacional. Ya el Decreto-Ley 2811 de 1974 o Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio Ambiente había proporcionado lineamientos normativos para regular el manejo de este tipo de recursos  en el país. Posteriormente, la utilización y aprovechamiento de la vida silvestre animal fue amparada a través de la Ley 84 de 1989 por la cual se adoptó el Estatuto Nacional de Protección de los Animales, que promueve el bienestar de los mismos, sanciona el maltrato y desarrolla medidas para la preservación de la fauna silvestre. La Ley 611 de 2000, establece criterios para el manejo sostenible de especies de fauna silvestre y acuática y la Ley 599 de 2000 o Código Penal Colombiano incluye disposiciones relacionadas con los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente. Con el apoyo de instituciones encargadas de realizar el decomiso de especies silvestres amenazadas o en vías de extinción como el Cuerpo Especializado de Policía Ambiental y los Recursos Naturales de la Policía Nacional, el Instituto Colombiano de Desarrollo Rural “INCODER” y la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico “CDA”, se han venido protegiendo los recursos naturales y ambientales del Departamento del Guainía.

Afortunadamente, algunas especies animales, como los peces, no se ven amenazadas  por su continua extracción para consumo y comercialización. La pesca de consumo, con especies de pescado como el bocón, cachama, morocoto, guaracú, bagre, palometa, bocachico, dorado, rayado, valentón, sapuara, pavón, payara, saltón, curvinata y  cucha, entre otros, surte la dieta de indígenas y colonos en la ciudad de Inírida y en todo el Departamento. La pesca ornamental es la única actividad que como bonanza económica aún se mantiene en el Guainía. En la actualidad se extraen peces ornamentales en la zona de influencia de la ciudad de Inírida hasta unos 40 kilómetros a su alrededor, en los caños Bocón, Guarivén y Cunuben y en los ríos Inírida, Atabapo y Orinoco. Las principales especies de peces ornamentales que surten los acuarios nacionales e internacionales son: pez hoja, neón, cardenal, gancho rojo, hemiodo, raya, agujón, escalar, juan viejo, anóstomo, corredora, tigrito, pencil, estrigata, cucha mariposa, pampanitas y congolinos, entre otros.

Para los pueblos indígenas del Guainía, y en general amazónicos, los animales no son solo responsables de satisfacer su dieta alimentaria pues su importancia va más allá del plano utilitarista. Para ellos, los animales son componentes de la madre tierra, hermanos del hombre, seres sagrados que hacen parte de su diario vivir y dan sentido al mundo que les rodea. Algunos pueblos indígenas consideran que los animales son como los seres humanos que tienen alma y sentimientos y conforman grupos especiales de población que integran el bosque. Los indígenas sikuani sostienen que los animales se convirtieron en los hombres después de la primera generación; para ellos sus ancestros son los animales-tótem.  En general, los nativos manifiestan que los espíritus de la naturaleza, que son también los dueños del monte, del agua (mawari), de las plantas y de los peces, entre otros, también se materializan en animales que pueden intervenir de manera positiva o negativa en las acciones del hombre dependiendo del comportamiento de éste con la naturaleza. Los curripacos denominan a estos espíritus yupinais y los puinaves les identifican como yumg.

Los ancestros indígenas de algunos pueblos amazónicos representaban sus númenes bajo formas animales, razón por la que algunos felinos, reptiles y aves merecían total respeto y devoción  por parte de la comunidad que les rendía tributo. El bien y el mal como manifestación de sus dioses han estado representados por animales como el jaguar, la anaconda, la tonina, la serpiente y el águila, entre otros, debido a la fuerza, inteligencia y agilidad con que estos se manifiestan. Entonces, la cosmogonía y tradición indígena ha hecho reconocimiento a estos animales a través de sus mitos y leyendas. El grado de sacralización que han alcanzado los animales se ha evidenciado  cuando los shamanes como intermediarios entre dioses, mortales, espíritus de la naturaleza y demás criaturas de la tierra, al incorporar la energía cósmica, pueden  ingresar a otras dimensiones y transformarse a menudo en sus rituales en anacondas, jaguares y otros.

Para algunos pueblos indígenas, los distintos grupos humanos proceden de un tronco común relacionado con la Madre de las Aguas. Según estos, en los tiempos iniciales del cosmos, la Gran Anaconda, a manera de enorme canoa, recorría ríos y caños para multiplicarse por donde iba. De repente, una gigantesca ave rapaz capturó a la Gran Anaconda y la dividió en trozos que dieron origen a los distintos pueblos indígenas. La cosmogonía puinave menciona al “pájaro de la muerte” o águila gigantesca que moraba en los cerros del Mavecure y que devoraba a las criaturas humanas que pasaban por allí navegando el río Inírida. Ducjin, prepara el veneno y asesina a esta ave  desde la parte baja del cerro y salva a su pueblo. La tonina o Delfín Rosado del Amazonas también alimenta la rica tradición de casi todos los pueblos indígenas del Guainía y de la región amazónica, ya que ellos les atribuyen poderes sobrenaturales, propiedades mágicas y las consideran diosas del agua o mujeres del agua. De hecho algunas culturas las consideran mitad pez y mitad mujer, como las legendarias sirenas. Estas tienen la propiedad de encantar o atraer a las personas al transformarse en mujeres con gran instinto materno, pues solo basta el llanto de un niño para poner en alerta a estos delfines, que acuden de inmediato a salvarlo cuando su canoa zozobra o es arrastrado por el agua. Caso contrario, para otros pueblos, la tonina se transforma por las noches de luna llena en un apuesto varón que llega a las fiestas y bailes para seducir y robarse a las mujeres con la intención de reproducirse. En algunas regiones se cree que los espíritus de las personas ahogadas quedan atrapados en el cuerpo de estos bufeos o que éstos representan los espíritus de las aguas o mawari y también el mal; además que son enemigos de las mujeres que están en embarazo o con el periodo menstrual.

Como figura representativa de su clan aparece entonces en algunos pueblos indígenas,  el tótem o representación simbólica de algunos animales. En las etnias guainianas, los clanes o conjuntos de familias y parientes con su descendencia y su linaje provienen de un ancestro común, generalmente un animal. Los curripaco, por ejemplo, signan sus clanes con animales-tótem como el tigre (yavinai), el pájaro (waliperre), la gallineta (jojoden), el cachicamo (ayanen), el pato (kumadananai), la boa (muliven), pluma de garza (mavetana) y la luciérnaga (tukedakenai), entre otros. Los clanes puinaves están representados por la danta, el ocarro, el caparro, el jaguar, la tonina, la lapa y el cachicamo, entre otros. Los clanes de los sikuani están representados por el perro, el picure, el pescado, la culebra, el caimán, el tigre, la danta y el ocarro.

En la actualidad, la mayoría de animales son un elemento valioso en la dieta alimenticia del indígena, un recurso vital para la medicina, la protección del cuerpo, la buena suerte, la decoración y como mascotas. Los hábitos alimenticios del indígena han variado un poco si se tiene en cuenta que los antepasados consumían reptiles y gusanos como güíos,  tembladores (anguilas), rayas, mojojoyes y algunas variedades de ranas. Hoy, la alimentación del nativo gira en torno al consumo de mamíferos, aves y peces, sin que se afecte la vida de las especies, pues el indígena toma del medio únicamente  lo necesario. La cacería como actividad de subsistencia del indígena gira en torno a 24 especies de vertebrados, entre ellas, las más comunes: el armadillo, el venado, el paujil, el morrocoy,  la pava, el tucán, el güío negro, la danta, el báquiro o cajuche, el  picure, el churuco, el oso hormiguero,  la guacamaya, el oso palmero, la lapa, el cachirre blanco, el araguato o mono cotudo, el loro, la matamata, el puercoespín, el ave tente, el chigüiro, el chucuto y el pato silvestre, entre otros, además del consumo de algunos insectos como el bachaco (hormiga culona).

Similar a la parte alimentaria, los pueblos indígenas requieren de los animales para la curación, medicina preventiva y la buena suerte, entre otros aspectos. Para curar distintas enfermedades emplean la sangre del araguato (sistema inmunológico), el falo del guache (disfunción sexual), huesos de cachirre (paludismo), caparazón de matamata (diarrea), cerebro del cachirre negro (guayabo o resaca), espinas de puerco espín (gripa). Además se emplea  el caracol cocinado,  la piedra que tiene en la cabeza la curbinata, las mantecas de cachirre, tortuga, tigrillo y güío y el aceite de mato y temblador. Son empleados para la medicina preventiva como la protección del cuerpo, calmar las tempestades, la buena suerte, hacer el bien o el mal: el diente de tonina, el diente de tigre (tigrillo), la espina dorsal de la rieca, el hueso de la anguila, el nido del pájaro del mundo (nakúa), el colibrí, el hueso de la pata de venado y el huevo del pájaro makurai; para la belleza del cutis se emplea la piel del mojojoy. La inminente relación entre el animal y ser humano se expresa a través de los rezos cuando el payé, brujo, shamán, curandero, medico tradicional o anciano emplea los animales como medios para la cura o para enfermar a las personas. Se destacan entonces los “chaicures” cuando el brujo emplea rezos que llegan a sus víctimas materializados en culebras, tigres y otros animales con la misión de atacar a las personas.

De esta manera, podemos apreciar como los animales se constituyen en elemento valioso para la vida del hombre en su cotidianidad y, en especial, para los pueblos indígenas quienes los consideran no como un elemento más de la naturaleza, sino como un recurso imprescindible de la madre tierra, generadora de vida, para mantener su equilibrio natural y como seres insustituibles para el ejercicio de sus usos y costumbres y la proyección de su cultura. Como una gran reserva  natural, el Departamento del Guainía ostenta infinidad de especies animales que le hacen distinción como escenario de megadiversidad por excelencia de Colombia, razón por la que es necesario valorar, reconocer y proteger estos recursos naturales para beneficio de la humanidad.

domingo, 24 de abril de 2011

Remanso: el Edén del Guainía


Una de las comunidades indígenas del Guainía que mayor atractivo ofrece a moradores y visitantes es Remanso. Su proximidad a los cerros del Mavecure le ha privilegiado como el sitio ecoturístico y cultural por excelencia del Departamento del Guainía. Remanso cautiva al propio y al peregrino con sus paisajes, sus leyendas, la hospitalidad de sus moradores, las tradiciones indígenas casi intactas y la facilidad de acceso vía fluvial. La Comunidad está ubicada en la margen izquierda del río Inírida y se encuentra a 4 horas en bongo de la Capital del Departamento. Por ser contigua a las gigantescas moles de piedra que siempre están custodiadas por blancos mantos de nubes, en forma de aureola, que se desprenden desde sus cimas y, por el silbido del viento que forma corredores y anuncia la majestuosidad de sus domos, Remanso ofrece un clima sin igual en el departamento ya que tiende a ser gélido en la noche y el amanecer durante casi todo el año.


Este paradisíaco lugar fue fundado a mediados del siglo XX, aproximadamente, por los hermanos: Marcos, José, Lorenzo, Julia y Martín Agapito; los cuatro primeros ya fallecidos y, el último, Martín, aún pervive testimoniando la fortaleza y el orgullo de la raza indígena puinave. Ellos llegaron del caño San Joaquín, sitio aledaño a la comunidad de Venado, en busca de una región prospera para vivir. Remanso es una de las primeras comunidades que se fundaron en las riberas del río Inírida y su fundación es anterior a la Capital del Departamento. Con el paso del tiempo, la comunidad ha ido creciendo en forma paulatina y hoy cuenta con 240 habitantes que integran 52 familias. El nombre de Remanso hace alusión al raudal ubicado a 400 metros de la comunidad sobre el río Inírida, el primero de los 14 rápidos que presenta durante su curso este imponente río y, a la paz, tranquilidad y armonía que alberga este lugar. Cuenta la leyenda que si por infortunio alguna persona o embarcación cae(n) al remolino que forma el raudal, esta(s) desaparece(n) y se hace(n) visible(s) a cientos de kilómetros de allí, en las proximidades de Mapiripana en las limosas aguas del río Guaviare. Según los moradores del lugar, existe un gigantesco túnel que conduce a los cuerpos y /o embarcaciones hasta esos recónditos lugares.


Pertenecen a la etnia puinave los habitantes de Remanso en un 98% y también están presentes algunos curripacos. Practican ellos la religión evangélica legada por Sophia Müller hace ya varias décadas. A la entrada de la comunidad, a unos 30 metros del muelle, se encuentra ubicada la única escuela denominada “José Celestino Moreno”, que ofrece la educación básica primaria; cuenta además la comunidad con un Puesto de Salud y los medios de comunicación son eficientes pues allí existe el servicio de telefonía por satélite a través del sistema Compartel y la institución educativa tiene internet. El servicio de energía es prestado a través de planta eléctrica, 3 horas en la noche y se pretende instalar el acueducto con motobomba. Remanso hace parte del resguardo indígena Remanso-Chorrobocón y de la única zona minera creada en el Departamento del Guainía, denominada Zona Minera Indígena Remanso-Chorrobocón.


Las actividades económicas de los habitantes de la comunidad giran en torno a la minería, especialmente en la explotación de oro de aluvión a través de los sistemas de balsa sencilla (operada por buzos o buceadores) y dragas de succión o carifusas, actividad practicada por moradores y personas de otros lugares. Los buzos están adscritos a las barcazas o balsas que se sitúan en las proximidades de la comunidad a lo largo del río dentro de la Zona Minera Indígena. En la región también se encuentra el “coltan” que hace parte de las denominadas “arenas negras”, compuesto de columbita, tantalita y otros minerales de gran utilidad en los equipos de telecomunicaciones y en otros usos que demanda la tecnología moderna. Los habitantes de allí, esperan se legalice la extracción del coltán para poder aprovechar los beneficios que ofrece la explotación de este recurso. También practican ellos, la agricultura itinerante o trabajo del conuco o chagra, la recolección de frutos, la cacería, la pesca y la explotación forestal.


Los cerros del Mavecure son grandes afloraciones rocosas del Escudo Guayanés y constituyen el paisaje exótico de la región. También se les denomina “montes islas” o “inselberg” porque emergen como guardianes imponentes y solitarios de la vasta llanura cubierta de selva; en los Llanos Orientales se les denomina “oteros” y en Venezuela “tepuyes”. En el Departamento del Guainía estos “montes islas” con todos sus encantos junto con los raudales del río Inírida y la flor del mismo nombre, que también se encuentra en Remanso, se constituyen en el principal atractivo turístico. El cerro Pajarito es el más elevado con 736 mts. de altura, seguido del cerro Mono que tiene 524 mts. y del cerro Mavecure con 390 mts. Los cerros del Mavecure son batolitos muy antiguos que datan de finales de la era primaria y corresponden a etapas tempranas de consolidación del continente suramericano hace mas de 2.000 millones de años.


En Remanso, estas formaciones geológicas se abren para dar paso a las sinuosas y turbulentas aguas del río Inírida y formar el primer raudal en su recorrido, el Raudal Mavecure. Por su parte, el cerro Mavecure se ubica en la margen derecha del río y a unos 300 metros de distancia de éste se encuentra la comunidad de Venado. Al frente del cerro Mavecure, al otro lado del río y en la misma dirección de Remanso, se encuentran enclavados los cerros Pajarito y Mono. De la misma estructura orogénica que aglutina a estas tres grandes manifestaciones geológicas, se desprenden algunas estructuras rocosas de menor elevación como el cerro Paujil, cerro Danta, cerro Venado, cerro Diablo y cerro Plata, entre otros.


Los imponentes cerros del Mavecure son testigos de la Leyenda de la Princesa Inírida, mujer de la etnia puinave llamada Densikoira (Mujer Perfumada), que huyó de las malintencionadas aspiraciones del príncipe Yoy, de la comunidad enemiga de Yod-Waru, quien quiso someterla a sus designios empleando como fórmula la pusana mala, con fines de venganza, cuando la princesa no aceptó casarse con él. Al tener contacto con la pusana, la princesa enfermó, huyó y se escondió en el Cerro Pajarito (wibiricg). En su memoria, de este cerro comenzó a brotar con mayor intensidad la planta de la pusana, que es utilizada por la mayoría de indígenas de este río para enamorar. Según la población indígena, en Remanso se encuentra la mejor pusana del departamento. La pusana es un preparado vegetal empleado por los indígenas para conquistar al ser amado. Existen dos tipos de ella, la pusana buena que ayuda a atraer al ser amado y la pusana mala que se emplea para alejar o hacerle daño a la otra persona.


Remanso es visitada por turistas provenientes de otros departamentos y de otros países, especialmente de los Estados Unidos y de Europa. Este lugar se ha consolidado como recurso promisorio para el Guainía y se espera aprovechar mejor su potencial turístico. Dada su ubicación dentro de la jurisdicción del Municipio de Inírida, como parte de la Zona Minera Indígena y en las rutas de mayor tráfico fluvial y terrestre del departamento, se hace conveniente hacer una inversión concienzuda de recursos financieros y logísticos para hacer de este lugar la mejor alternativa de ecoturismo y etnoturismo del Guainía y de toda la Región Amazónica.

Foto: Cortesía CAGIPUME, Carlos Puentes M.

martes, 21 de diciembre de 2010

Historia del Departamento del Guainía

El devenir histórico del Departamento del Guainía ha tenido sus raíces en el proceso de ocupación de su territorio y en la dinámica poblacional que ha traído como resultado la diversidad étnica y cultural que hoy ostenta esta región. El desarrollo histórico del Guainía estuvo marcado, en un comienzo, por el poblamiento indígena, de carácter trascendental, -caracterizado por las migraciones y desplazamientos de los nativos, sus crisis y adaptaciones al medio, el sincretismo, aculturación y lucha de éstos por defender su identidad frente a la presencia de otros grupos de población-, la llegada de los europeos representantes de las coronas española, portuguesa y holandesa en la época de la conquista, que dominaron los ríos adyacentes a su territorio y, en la época reciente, la presencia de la colonización que se caracterizó por la explotación de los diferentes recursos naturales a través de las distintas bonanzas económicas y la consolidación del Guainía como entidad político-administrativa con la creación del actual departamento y la fundación de Inírida, su capital.


El proceso de poblamiento del área se remonta atrás, unos 5.000 años aproximadamente, cuando del Mato Grosso brasileño emergió la primera oleada migratoria de individuos de la familia Arawack, denominados proto-arawack, con rumbo a las Antillas siguiendo la ruta del río Orinoco. En el primer milenio de nuestra era, grupos hortícolas de esta misma familia se residenciaron en buena parte de Colombia y Venezuela y se dedicaron al cultivo de la yuca amarga, la cacería y la pesca. El pueblo kurripaco se residenció en las proximidades de la Serranía de Naquén, la que fue considerada, desde entonces, un sitio sagrado morada de sus dioses y cuya herencia agrícola se tradujo en la diversificación y difusión de cultivos como la yuca, la piña y el lulo. Los constantes conflictos por territorio, recursos naturales y poder entre los diversos grupos indígenas propiciaron su aislamiento territorial determinado por el curso de los ríos. De esta manera, la familia puinave se asentó en las márgenes del río Inírida, los piapocos, sikuanis y demás grupos en las márgenes de otros ríos como el Guaviare, Atabapo y sus afluentes.

La conquista del Orinoco fue iniciada por la corona española a mediados del siglo XVI, cuando otorgó autorizaciones para ocupar estos territorios en busca de oro y otros metales preciosos. Se destaca la búsqueda incansable de la legendaria ciudad de Manoa, componente básico de la Leyenda del Dorado. Sin embargo, la presencia española se hizo notoria solo hasta bien avanzado el siglo XVIII, para establecer límites territoriales con los portugueses debido a los continuos problemas en el tráfico de esclavos, a las quejas de los misioneros por el trato inhumano a los nativos y a la incursión en su territorio por parte de las distintas potencias europeas. Estos límites se intentaron demarcar entre 1750 y 1760 cuando se construyeron los fuertes de San Fernando de Atabapo (1758) y San Felipe (1759). Sin embargo, fueron los holandeses y portugueses quienes se insertaron más en territorio guainiano tratando de explotar sus exuberantes recursos entre los siglos XVII y XVIII. Desde comienzos del siglo XVII, los holandeses habían ocupado el bajo Orinoco y establecido el intercambio de mercancías traídas de Europa por productos agrícolas y esclavos con la población indígena. Los españoles emprendieron la ocupación del alto Orinoco por intermedio de los misioneros jesuitas.

El descubrimiento y aprovechamiento del cacao silvestre en el sur del Vichada en el siglo XVIII, produjo interés en los españoles para hacer presencia en la zona y desde ahí penetrar al Guainía. Entre otras actividades económicas se destaca la extracción de la quina que tuvo un auge mundial durante la segunda mitad del siglo XIX, pues de ella se extrae la quinina, un alcaloide útil para contrarrestar el paludismo en las regiones tropicales. Las compañías caucheras también habían comenzado a organizarse con el fin de explotar gomorresinas en la región amazónica. Ya desde comienzos de la década de los 60s del siglo XIX, se había iniciado la explotación del caucho en el Casiquiare, río Negro, en la frontera oriental del Guainía. A comienzos del siglo XX, el territorio del Guainía hacía parte de la Colombia olvidada, esa que todos ignoraban, incluyendo el Gobierno Nacional que poco hacía presencia en esas regiones selváticas, por considerarlas despobladas y de poca importancia para el interés nacional. La despreocupación de los gobiernos de turno desde el advenimiento de la Época Republicana, -y que se prolongó hasta épocas recientes-, trajo como consecuencia la intromisión de los países vecinos en tierras colombianas para explotar los recursos naturales, someter a nuestros coterráneos y modificar la frontera. Las selvas del Guainía entonces pertenecían al reino de los caucheros brasileños, y posteriormente venezolanos, quienes se disputaban este territorio y cometían muchos abusos y crímenes contra los nativos. En la frontera colombo-venezolana Roberto Pulido y Tomás Fúnez, asolaron la región e implantaron el terror, especialmente el último quien masacró centenares de indígenas. La extracción de las gomorresinas comprendió la explotación del caucho -para la fabricación de llantas para automotores de empresas estadounidenses como la Ford-, la balata, el pendare, la siringa y el chicle. Luego de la Segunda Guerra Mundial llegó a la región la Rubber Development Corporation e inició la explotación del chicle.



Con la presencia de Sophia Müller, representante de la organización Misiones Nuevas Tribus, a partir de 1943, comenzó el proceso de evangelización. Esta misionera en cuatro décadas logró confirmar al Guainía, como el departamento evangélico de Colombia por excelencia. Ella aprendió las lenguas de los nativos y les impregnó símbolos escritos para traducir la Biblia en sus respectivos idiomas. El Nuevo Testamento se tradujo en kurripaco, puinave, piapoco, sikuani, cubeo y otras lenguas. A partir de la década de los 60s, empezó a fortalecerse el coloniaje que ya tenía sus raíces en los años 50 cuando, fruto de la violencia partidista, se desarrolló un éxodo masivo de personas de distintos lugares del país para poblar zonas del bajo Guainía, ríos Inírida, Guaviare y caño Guarivén, con el fin de emprender actividades agrícolas y de tipo extractivo. La colonización buscó ampliar la frontera agrícola y motivó al colono a adentrarse más en la selva para escapar de los temores de la guerra y usufructuar los recursos naturales. Sin embargo, la explotación de estos recursos trajo rivalidad y enfrentamiento armado por el control de territorios y disputa del negocio y ganancias de los mismos. Esto se manifestó entre explotadores y comerciantes de la fibra de chiqui-chiqui, a comienzos de los 60, que propició la creación de un grupo de bandoleros disuelto por el ejército y la rebelión de los tigrilleros o canaguaros, a comienzos de los años 70, movimiento insurreccional comandado por Álvaro Linares, por el control de las ganancias que generaba la comercialización de pieles y carne de animales silvestres.


A partir de la década de los 60s cuando se produjo la segregación del territorio del Guainía de la Comisaría Especial del Vaupés, se dio comienzo a la bonanza institucional que atrajo el desplazamiento de empleados del sector oficial para la adecuación de la que sería su actual capital. El corregimiento de San Felipe se constituyó en la primera capital de la Comisaría del Guainía por muy poco tiempo, mientras fue seleccionado el sitio conocido como “Las Brujas” para instalar definitivamente la capital que fue bautizada entonces como Puerto Obando. En el año de 1974 esta ciudad fue elevada a la categoría de municipio mediante el Decreto Nacional 1593 del 5 de agosto y adoptó el nombre actual de Inírida. La bonanza institución fomentó la ocupación y el empleo en la construcción del aeropuerto, sedes administrativas, instituciones de diversa índole y vías de comunicación en la capital del Guainía y atrajo colonos dediferentes regiones del país.

Muchos colonos, en la zona rural, se sumaron a la mano de obra vacante que había dejado el negocio del caucho y, al reorganizarse, refrendaron el desarrollo de otras actividades extractivas como la explotación de la fibra de chiqui-chiqui y el tigrilleo. La explotación de la fibra de chiqui-chiqui,- útil para la fabricación de escobas y artesanías-, desde mediados de siglo había comenzado a tener realce en este territorio cuando se destacaron grandes centros para su comercialización como Amanavén y El Coco. El nefasto negocio del tigrilleo consistió en el exterminio de millares de animales salvajes como tigrillos, jaguares, panteras, caimanes, cachirres e inclusive perros de agua, venados, micos o cualquier animal cuya piel o carne tuviera mercado. Junto con el tigrilleo, se extrajo indiscriminadamente la sarrapia, el aceite de seje, bejucos y maderas y se produjo el exterminio de guacamayas y garzas blancas cuyas plumas lucían en sus vestidos y abanicos las señoras de la Belle Epoque en Europa. La década de los 80s fue definitiva en la economía del Guainía cuando se dio comienzo a las bonanzas extractivas de la coca, peces ornamentales y oro, casi de manera simultánea. Las plantaciones de coca fueron iniciadas por personas procedentes del alto Guaviare donde el cultivo ya se había difundido. Para ello, se incorporaron tierras que ya habían sido usufructuadas por los colonos y extensiones selváticas del río Guaviare, río Inírida, caño Bocón y caño Guarivén. La extracción de peces ornamentales sigue vigente y se desarrolla en los ríos y caños adyacentes a Inírida especialmente en los ríos Inírida, Atabapo y sus afluentes, caño Bocón (parte media y baja), caño Guarivén, caño Cunubén y el río Orinoco por parte de colonos como intermediarios y comerciantes y cuya mano de obra es indígena.
Para materializar la leyenda del dorado guainiano, que desde la época de la conquista se había manifestado en la búsqueda de la legendaria ciudad de Manoa, en las márgenes del Alto Orinoco, se desarrolló el Proyecto Minero del Guainía, en la Serranía de Naquén, donde se puso en evidencia la existencia de una reserva incalculable de oro. El descubrimiento de estos yacimientos de oro motivó la presencia de muchos colonos procedentes del interior del país y también brasileños. La extracción aurífera se trasladó al lecho de los ríos Guainía e Inírida, al comenzar los 90 donde se ha venido explotando el oro de aluvión. En los últimos años, las comunidades indígenas del Guainía se han dedicado también a la explotación, hasta el momento ilegal, de las “arenas negras” o depósitos aluviales de color gris oscuro y negro provenientes de la erosión de las rocas cristalinas del Complejo Migmático de Mitú, en los ríos Guainía e Inírida y afluentes de éstos. La explotación de estas pequeñas partículas aluviales está cifrada en su gran utilidad ya que ellas contienen titanio, asociado con circón y magnetita y, en muchos casos, “coltan”, compuesto de columbita y tantalita, además de otros componentes, útiles en la industria espacial, militar, aeronáutica, microelectrónica, comunicaciones y de la medicina, entre otros.


En materia político-administrativa, este vasto territorio fronterizo hizo parte de los antes denominados Territorios Nacionales, nombre de la inmensa región selvática de la que se tenía conocimiento, pertenecía al país porque colmaba sus fronteras al sureste de Colombia. Desde la Colonia, y hasta comienzos de la República, este territorio formó parte de la Provincia de Popayán. Durante la Gran Colombia (1819-1830), perteneció al Departamento de Boyacá; en la República de la Nueva Granada (1831-1858), al Territorio Nacional de Mocoa y a la Provincia de Pasto; durante la Confederación Granadina (1858-1863), perteneció al Estado Federal del Cauca; en el periodo de los Estados Unidos de Colombia (1863-1886), hizo parte del Territorio Nacional del Caquetá que fue anexado luego al Estado Soberano del Cauca y, posteriormente, en 1886 cuando se creó la Republica de Colombia, continuó siendo parte del Departamento del Cauca. En el año 1910, esta región fue integrada a la Comisaría Especial del Vaupés. En el gobierno del Presidente Guillermo León Valencia a través de la Ley 18 del 13 de julio de 1963, se creó una nueva unidad político-administrativa que fue segregada de la Comisaría del Vaupés. A esta se le dio el nombre de Comisaría Especial del Guainía. El 4 de julio de 1991, la Asamblea Nacional Constituyente, al redactar la nueva Constitución, elevó a la categoría de Departamento, la Comisaría Especial del Guainía junto con otros territorios nacionales que hasta ahora habían conformado 4 intendencias y 5 comisarías.
(Foto:Carlos Puentes M., CAGIPUME)Justificar a ambos lados


jueves, 7 de octubre de 2010

Pusana o shundul, la sustancia para enamorar

Entre la infinidad de recursos naturales que nos ofrecen las selvas amazónicas, se encuentra casi un centenar de géneros de plantas y hierbas con las cuales se fabrica la pusana o fórmula especial para conquistar, atraer o enamorar, aunque también existe la pusana que causa los efectos contrarios, es decir, rechazar, separar, dañar, alejar. En la mayoría de los casos, se utiliza la pusana para la conquista del ser amado, especialmente, si este no corresponde a los sentimientos expresados. En los pueblos amazónicos ancestrales, la pusana ha hecho parte de su cultura y tradición milenarias y ha logrado perpetuarse hasta nuestros días. También se emplea esta sustancia para la buena suerte en las labores de caza y pesca, para obtener exitosas cosechas en el conuco o chagra e inclusive para conseguir trabajo, como protección contra las malas influencias, para alejar a los enemigos o para que las mujeres se conserven siempre hermosas.

El nombre común que le dan la mayoría de pueblos indígenas amazónicos es el de pusana; otras culturas suramericanas le denominan shundul. Algunas culturas peruanas le llaman pusanga a un preparado vegetal extraído de las raíces de un árbol de la selva que puede tener efectos alucinógenos y puede constituirse en una poderosa droga al combinarse con otros elementos; cuando algún hombre quiere usar la pusanga, se unta esta fórmula en el cuerpo para entrar en trance; luego de salir de éste, busca a la persona amada para hacerle oler la sustancia y, de esta manera, hacer que de inmediato se enamore de él. En la tradición popular colombiana está presente el quereme o sustancia para el amor extraída del árbol del mismo nombre (cavendishia quereme), cuyo cultivo se ha perpetuado hasta hoy en la población vallecaucana de Queremal. Este legado viene de algunas culturas indígenas de la Región Andina ya extintas que empleaban el aroma de las flores de la planta como perfume para enamorar.

En la actualidad, el conocimiento y empleó de la pusana se ha extendido por todo el “Pulmón del Mundo” y ha desbordado sus fronteras. De esta manera, el éxito en el arte amatorio y en las actividades cotidianas está ligado a la aplicación de plantas como “sígueme los pasos”, “la garrapata”, “vaya y vuelva”, “guacurayo”, “vencedor”, “el anzuelo”, “temblador”, “el tigre”, “el morroco”, “pega-pega”, “la tonina”, “rabo de araguato”, “ven a mí” y “la guacamaya”, entre otras, para que las parejas nunca se separen, si se aleja alguno vuelva pronto, haya fidelidad, desaparezcan los celos enfermizos, como estimulante sexual y para que los enemigos se mantengan inofensivos. Cada uno de los pueblos indígenas posee distintos tipos de pusana dependiendo del fin que quieran alcanzar y su preparación puede variar más no su fin primordial, el relacionado con el arte amatorio. Las sustancias, fórmulas o extractos de las plantas de pusana son preparados por los ancianos conocedores y médicos tradicionales o curanderos, quienes recolectan hojas, flores, cortezas de árboles, pepas, bejucos o raíces para tal fin.

Algunas culturas, al preparado vegetal también le agregan rezos o “soplos”. Otras, emplean también como pusana la baba y el ojo de la tonina o “Delfín Rosado del Amazonas”. En algunos casos, la formula vegetal puede ir acompañada de extractos de animales como el diente de tigre, tonina u otros mamíferos, dependiendo del uso que se le quiera dar, para que ésta pueda tener un verdadero efecto. La aplicación de los rezos es de vital importancia si se tiene en cuenta que estos ayudan a mantener el equilibrio entre cuerpo, espíritu y naturaleza en procura del orden natural refrendado por los dioses cosmogónicos. El mundo de los espíritus está presente en las distintas dimensiones y hacen contacto con los elementales de las plantas y los animales para producir el verdadero efecto en la pusana, si se siguen los principios rectores para tal fin como el ayuno, la abstinencia sexual y la oración por parte del payé en su preparación y la dieta y seriedad de quien la utiliza.

La fórmula vegetal se introduce en bálsamo o perfume que debe llegar a la persona amada por contacto en la piel o a través de inhalación. A la postre, se debe ayunar o ingerir alimentos muy suaves especialmente líquidos evitando el consumo de bebidas frías o demasiado calientes y ají durante algunos días, para que su efecto sea positivo. En poco tiempo la persona amada vendrá a buscarle y se enamorara sin ninguna objeción. De la tonina se extrae el ojo con el cual se mira a la persona amada sin que ella lo perciba para tener benéficos resultados en el romance. Existen distintos tipos de pusana, unas más fuertes que otras, dependiendo la finalidad que se quiera. Se elabora pusana para conseguir mujer definitivamente o para conquistar novia o amante no más. En estos casos, los efectos de la pusana serán para toda la vida o de corta duración como un par de días, una semana, etc., todo lo determina el fin que persiga quien la vaya a aplicar. También existe la “pusana mala” que es aquella que se utiliza para vengarse del amor traicionero o de aquel que jamás fue correspondido. Estas últimas, pueden enfermar a la persona y, en términos coloquiales, “volverla loca”, pues hacen presentar síntomas como exagerado dolor de cabeza, exceso de celos, fascinación total por los atributos internos y externos de la pareja que antes estaban ocultos, mundo poblado con visiones extrañas, desespero y sensaciones de persecución y posesión, si no se le aplica “la contra” o tratamiento respectivo para recuperar su salud.

En el Departamento del Guainía, Colombia, existen dos lugares especiales donde se puede conseguir la pusana. Los kurripacos extraen pusana del Cerro Naquén ubicado en la proximidad a las márgenes del río Guainía. Dicen los conocedores que, para tal fin, deben los médicos tradicionales o ancianos, durante los días previos, practicar el ayuno y la abstinencia sexual para acceder con facilidad al cerro y lograr su propósito. Dadas las difíciles condiciones de acceso a la cima donde está la pusana, los rituales de pureza y los rezos del paye atraen a las aves que custodian el cerro para que en su pico transporten las hojas o ramas de la planta y, de esta manera, sean recolectadas desde abajo en un recipiente. Los puinaves extraen la pusana o “soom del Mavicure” de los cerros ubicados en las márgenes del río Inírida y aledaños a la comunidad indígena de Remanso. Estos cerros son Mavicure, Cerro Mono y Pajarito y forman la triada de oteros, tepuyes o montes islas, símbolos naturales y culturales del Guainía.

Cuenta la leyenda que la Princesa Inírida o Densikoira (Mujer perfumada) llegó a estos cerros escapando de los efectos de la pusana mala. La princesa Inírida, mujer muy hermosa perteneciente a un clan de la etnia puinave, era asediada por un mocetón, el príncipe Yoy, hijo de un famoso cacique que había sometido a su pueblo Coop-Coop a través de las constantes guerras. El joven príncipe del pueblo de Yod-Waru, ante el constante rechazo de la princesa y al no poder encontrar el amor verdadero, optó por aplicarle la pusana mala con fines de venganza. La princesa enfermó, huyó y se escondió en el Cerro Pajarito (jupirrali). En su memoria, de este cerro comenzó a brotar la planta de la pusana, que es utilizada por la mayoría de indígenas de este río.

Para revertir los efectos de la pusana existen contras o remedios naturales muy eficientes que son aplicados por goteo en los ojos del enfermo. Pueden ser preparados vegetales o el líquido de algunos bejucos u hojas extraídas de la selva. Luego de ser aplicada la contra o de perder su efecto la pusana, el afectado(a), sentirá un profundo rechazo por la persona que le causó el mal, pues los encantos físicos otorgados por esta sustancia se verán al contrario, es decir se traducirán en defectos.

Exiguos estudios se han realizado al respecto y escasa literatura existe sobre el tema. Sin embargo, se afirma que las distintas clases de pusana operan de acuerdo al efecto que el sedante o alucinógeno, que puedan contener las plantas, pueda ejercer sobre el sistema nervioso central de la persona. Lo cierto es que, aunque hayan comentarios sobre la efectividad de sus resultados, de que sirva únicamente como placebo para elevar la autoestima del que la aplica o que se haya constituido en un mito su empleo, la pusana hace parte de la cultura de los actuales pueblos indígenas de la Amazonía y aún sigue vigente como fórmula para conseguir las mujeres más hermosas y uniendo parejas momentáneamente o para toda la vida.

Contrario a los efectos de conquista y atracción del ser amado, también existen recetas de pusana provenientes de hojas, plantas, pócimas, brebajes, rezos y otros, para separar las parejas, alejar al ser amado, dominar a los hombres, hacerlos impotentes, volver loca la mujer, etc., todo por los celos o envidias que pueden presentarse en el insondable mundo del romance. Lamentablemente, en la actualidad, la pusana ha pasado a ser negocio de muchas personas que sin el debido conocimiento trafican con ella, engañando a los incautos y atribuyéndole muchos poderes derivados de la magia negra, en contravía a la verdadera pusana que debe ser elaborada por los tradicionales herederos del conocimiento, bajo los rituales respectivos donde espíritus y elementales se conjugan para garantizar su verdadero efecto. Si alguna vez en la vida tiene usted la oportunidad de probar la verdadera pusana, atienda a esta reflexión de los sabios amazónicos: “con la pusana no se juega ni con los sentimientos de las personas porque ella es como el fuego, si no se emplea bien, puede quemar”.
(Foto: Carlos Puentes M.  "CAGIPUME")

miércoles, 6 de octubre de 2010

Sophia Müller y la evangelizacion en el Guainía

El Guainía es el departamento que ostenta el mayor porcentaje de población evangélica de Colombia. El proceso de adoctrinamiento del indígena tuvo similares características que el emprendido por la corona española a partir del siglo XVI, en el interior del país, a través de las órdenes mendicantes provenientes de Europa. En ambos momentos se violentó la cultura del indígena y hubo sometimiento e imposición de una doctrina religiosa importada que amputó las creencias, rituales, tradiciones y, en fin, la mayor parte del legado cultural del nativo por considerarlo inmoral y demoníaco. La diferencia radicó en que la evangelización en el Guainía comenzó apenas en la década de los 40s del siglo XX, la labor fue realizada por una sola organización y, en su mayoría, por una sola persona, no hubo presencia del imperio español sino del estadounidense, el de turno, y la doctrina impuesta no fue la católica sino la evangélica o protestante.

Fue una valerosa mujer la que se atrevió a llegar a estas difíciles tierras surcadas por selvas, ríos y peligros: Sophia Müller. Ella, de origen alemán, era hija de un pastor protestante que prestaba sus servicios de apostolado en el Sudeste Asiático. Llegó muy joven a los Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial y, al no tener éxito en la parte sentimental, decidió seguir la carrera de su padre y se propuso llevar “ovejas descarriadas” al reino de Dios. Su destino inmediato eran las selvas situadas al oriente colombiano, territorio que le había señalado la organización evangélica Misiones Nuevas Tribus (New Tribes Mission) a la cual se había incorporado. Misiones Nuevas Tribus, como organización protestante, fundada en 1942 por Paul Fleming y con sede en Sanford, Florida, se ha dedicado desde entonces a la evangelización de indígenas de las zonas más remotas del mundo. Tiene actualmente misiones en países como Australia, Bolivia, Brasil, Indonesia, Costa de Marfil, Colombia, México, Mongolia, Panamá, Papúa, Nueva Guinea, Paraguay, Filipinas, Senegal y Tailandia. En Venezuela permaneció hasta su expulsión en 2005. Esta organización mantenía convenio con el Instituto Lingüístico de Verano para la traducción de la Biblia en cada una de las lenguas nativas.

Hizo presencia en el Guainía, la señorita Sophia, en la década de los 40s y como pastor de la Iglesia Evangélica se trazó un único objetivo: convertir a los indígenas al cristianismo en su modalidad evangélica a través del “Sistema de Educación Mülleriano”. Su trabajo misionero comenzó en las comunidades del río Guainía en 1946 con el pueblo kurripaco. Fue entonces, a partir de su llegada, cuando la educación propia, la religión ancestral, la medicina tradicional y otras formas de vida de la mayoría de comunidades indígenas del Guainía, se vieron interrumpidas por su labor que, a la postre, generó una mutación en sus usos, prácticas, costumbres, creencias y tradiciones.

Una de las estrategias que utilizó la misionera para imponer la palabra escrita fue aprender la lengua de los nativos y traducir la Biblia en sus respectivos idiomas. Hasta el momento, solo se comunicaban los ancestros en el lenguaje hablado, es decir, sus lenguas eran ágrafas. La traducción del Nuevo Testamento se hizo en kurripaco, puinave, piapoco, sikuani, cubeo y otras lenguas y, además de enseñar a los nativos a leer y escribir, enseñó la numeración occidental, algunos detalles de la cocina occidental y el uso diario y diferenciado del vestido, entre otros. Su metodología de enseñanza fue muy dinámica pues empleó rondas y juegos y fortaleció la convivencia entre los indígenas. Sin embargo, inculcó pautas de comportamiento rígidas y castigos para quienes no siguiesen su doctrina, a la vez que prohibió las relaciones laborales y comerciales con los colonos, los caucheros y los católicos.

Con sus enseñanzas, Sophia Müller hizo cambiar el estilo de vida de los nativos en materia social, cultural, política y religiosa. A través de la enseñanza del evangelio, la señorita Sophia integró la religión con la vida cotidiana; con su metodología buscaba una persona obediente, moralista, temerosa del infierno, que no ingiriera licor, bailara ni fumara. Las relaciones socio-culturales se fueron trasformando lentamente hasta consolidar toda una gama de costumbres al estilo occidental. Su injerencia en la parte ritual amputó gran parte de las costumbres mágico-religiosas al estilo de la Época de la Colonia colombiana. Ciertamente, en ambos momentos, se consideró el ritual indígena como malsano, orientado a la magia negra, con soporte satánico, animista y alejado de todo orden moral.

En tales circunstancias, los nativos fueron consolidando un sentimiento de vergüenza y repudio por su historia y fueron desapareciendo las festividades como el “dabucurí”, los bailes cosmogónicos y las parrandas con licor, además de los relatos míticos, el uso de sustancias psicotrópicas, la música, los dioses del trueno y del fuego y otros soportes ancestrales. El diablo llevaría al infierno a quienes participaran en estas actividades inmorales incluyendo a los que acudieran a los médicos tradicionales. Gran parte de las costumbres, creencias y tradiciones fenecieron para dar paso a la cristianización. Así, se violentó el libre desarrollo de la personalidad, conciencia y culto. El Movimiento Misionero Nuevas Tribus estuvo presente en el Guainía por más de 4 décadas. Sophia Müller, la “Diosa Blanca”, falleció en 1995.

En resumen, el Sistema de Educación Mülleriano, tuvo notorios cambios en el estilo de vida de los pueblos indígenas del Guainía como:
 Aculturación y subculturación de las comunidades nativas por la adopción de nuevas formas de vida a la manera occidental.
 Adopción de la religión evangélica (protestante) en vez de la religión católica. Conformó escuelas dominicales para la propagación del culto y la alfabetización.
 La recolección de las lenguas nativas en forma escrita y la traducción de la Biblia en varias lenguas nativas como el kurripaco, puinave, piapoco y sikuani, entre otros.
 El nacimiento de la autoridad tradicional en cabeza del capitán.
 La creación de fiestas de índole social, como la Santa Cena, las Conferencias, las Convenciones y el Culto.
 El surgimiento de la autoridad religiosa en cabeza del Pastor Evangélico y demás jerarcas en las comunidades.
 La abolición de toda la tradición indígena basada en sus rituales y ceremonias ancestrales (rito de iniciación, danzas, cantos, música antigua, bastón de ritmo, yapurutu, etc.).
 El patrón de asentamiento de la antigua maloca fue reemplazado por casas unifamiliares; sin embargo, el comedor comunal restableció los espacios sociales de la maloca.
(Foto: Carlos Puentes M., CAGIPUME)

jueves, 15 de octubre de 2009

La medicina tradicional en los pueblos amazónicos



Desde tiempos inmemorables nuestros pueblos indígenas han hecho uso de la medicina tradicional para curar enfermedades. Para ello, han acudido a las plantas y a los rezos. Esta preocupación por curar las enfermedades que afectan el cuerpo y el espíritu hizo que la selva, como su entorno natural inmediato, se transformara en laboratorios de investigación donde ancianos y médicos tradicionales se han dado a la tarea de buscar cura a tantos males. La medicina indígena, de tradición milenaria, se ha perpetuado de generación en generación debido a la estrecha relación hombre-naturaleza. A cada planta de la selva le han encontrado alguna utilidad medicinal. De las plantas medicinales emplean los bejucos, hojas, tronco, raíces, flores y fruto. Las formas de curación están dadas a través de emplastos, cataplasmas, brebajes, tisanas, vaporizaciones, masajes, soplos, dietas, rezos y amuletos, entre otros.

La medicina indígena no se basa únicamente en la curación del cuerpo como lo hace la medicina occidental sino que busca mantener el equilibrio entre cuerpo, espíritu y naturaleza, como un todo, de una manera más integral. Ante todo, la medicina tradicional es de carácter preventivo. Muchos de los rezos se aplican al recién nacido, a la mujer que ha tenido un parto, a la niña luego de tener la menarquia, etc., todo ello para inmunizar el organismo de la persona y evitar la llegada de las enfermedades.

No pueden estar ausentes los rezos ya que por encima de todo, los dioses son los que rigen las leyes del mundo y pueden ser benefactores del hombre o por el contrario, generar castigos. El valor de la medicina tradicional indígena, establecida como el principio y fin de la vida del hombre, se ha regido a través de premios y castigos de acuerdo al comportamiento humano; con tal fin, dioses buenos y dioses malos se han disputado la conducta humana. Esta ambivalencia hizo surgir también los médicos indígenas buenos y los médicos indígenas malos.

El payé como denominan en la región amazónica al médico tradicional o curandero, es la persona encargada de devolver la salud a los enfermos, prevenir las enfermedades y mantener el equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Según los payé, las enfermedades se producen porque el hombre no ha tenido un buen comportamiento con la naturaleza, ha profanado los sitios sagrados, por envenenamiento, brujería o por accidentes. El payé tiene una amplia preparación para ver más allá del mundo físico y, de esta manera, prevenir y curar enfermedades. Esto lo consigue a través del empleo del yopo y del yagé que son plantas de primera mano. El yagé (banisteriopsis sp.) es un producto natural preparado a base de plantas y es empleado por el payé para ubicarse espiritualmente en un lugar determinado, generalmente en otra dimensión, con el fin de tener una visión más clara sobre la vida de las personas y sobre las enfermedades. Otras plantas empleadas por el médico tradicional de la Amazonía colombiana son el tabaco, la coca, la virola y el capi.

Desafortunadamente, la profesión de médico tradicional indígena está perdiendo vigencia en el contexto amazónico debido al creciente proceso de aculturación del nativo. Se está perdiendo la tradición oral y los ancianos no enseñan a los jóvenes, pues estos últimos se avergüenzan de su condición de indígenas e irrespetan a los adultos. La pérdida de identidad, fruto de la evangelización -que prohibía las prácticas de medicina tradicional-, el contacto con el colono y la presencia de la medicina institucional, han ido en detrimento de la figura del payé y de la medicina tradicional.

Es fundamental, para mantener viva la medicina tradicional y la esencia del payé: la creación de huertas y jardines botánicos en los resguardos indígenas, reafirmar la identidad cultural como forma de manifestación y tradición milenaria, exigir el reconocimiento legal de los saberes de la etnomedicina en las instituciones oficiales, articular el trabajo del médico occidental y el médico tradicional en los hospitales, centros de salud y demás instituciones de atención en salud, exigir la no fumigación de los resguardos y comprometer al Gobierno Nacional para que proteja las patentes de las plantas medicinales y el conocimiento tradicional para el usufructo de las comunidades indígenas.

martes, 1 de septiembre de 2009

El Guainía necesita un modelo de educación propio

Educar en un contexto pluricultural, multiétnico y plurilingüe como lo es el Departamento del Guainía es muy complejo. Educar no es instruir únicamente sino formar integralmente al individuo dentro de su contexto cultural. De esta manera, la educación como un proceso social debe incorporar a los educandos, integrantes de las nuevas generaciones, al grupo humano en el cual han nacido y en el cual deben permanecer culturalmente, a través del fortalecimiento de la lengua nativa, las costumbres, tradiciones y valores propios, entre otros. Ante esta realidad, es conveniente reflexionar si en las instituciones educativas del Guainía se cumplen estos requerimientos de lo que debe ser realmente la educación.

En realidad, la educación en el Guainía, presenta muchos altibajos si se tiene en cuenta que en vez de ayudar a reafirmar la cultura del indígena, por el contrario tiende a aculturizarlo. Esto porque en el departamento aún no se ha incorporado el modelo propio de educación que tienda a valorar, mantener, reafirmar y difundir la expresión cultural indígena. El modelo de educación propia, -o modelo etnoeducativo-, debe recrear los ambientes culturales en la escuela y preparar al estudiante para enfrentar, con el fortalecimiento de su identidad cultural en el marco de la interculturalidad, los problemas que impone el mundo globalizado que están cifrados en la perdida de sus valores y tradiciones.

Es preocupante observar entonces que gobernantes, educadores, líderes indígenas y sociedad guainiana en general, desde que inició el proceso educativo en el Guainía, -en la década de los setenta-, no se han preocupado por construir un modelo educativo acorde a este contexto. Esto se ve reflejado en la improvisación educativa cuando se ordena aplicar en las escuelas y colegios de la zona rural, modelos educativos ofertados por universidades o instituciones del centro del país y que son descontextualizados para el Guainía. A falta de identidad educativa se han introducido muchos modelos educativos, aplicando la metodología de ensayo y error, como Postprimaria Rural, Escuela Nueva, Cidec, Tradicional Occidental, Aceleración del Aprendizaje, Programa de Educación Continuada, etc.

El modelo educativo del Guainía debe construirse atendiendo a las disposiciones de los Decretos 804 de 1995 que hace referencia a la educación para grupos étnicos y 337 de 2004, expedido por la Gobernación del Guainía, que dio vía libre a la aplicación del primero en este territorio. El Guainía, más que otros departamentos de la Amazonía colombiana, debe incorporar un modelo de educación propio atendiendo a que cuenta con el mayor porcentaje de población indígena del país que, según las estadísticas de Planeación Departamental, alcanza un 80% del total departamental. Así mismo, el Guainía es el departamento de Colombia que posee más territorio indígena: un 96% de su superficie está constituido por resguardos indígenas lo que demuestra que es una región escasamente intervenida por la colonización y con reducido margen de deforestación y agotamiento de sus recursos naturales y culturales. Es el departamento pluricultural, multiétnico y plurilingüe de Colombia por excelencia. Su población está integrada por diversidad de etnias indígenas (puinaves, curripacos, piapocos, sikuanis, tucanos, yerales, etc.) y en menor proporción por colonos oriundos de la mayoría de departamentos del país. También presenta población de los vecinas republicas de Venezuela, Ecuador Brasil.

Ante esta realidad, es conveniente trabajar por la introducción de un modelo educativo basado en el afianzamiento de la identidad cultural, en el reconocimiento de la diversidad cultural y natural, en la relación hombre-naturaleza y en el respeto a la diferencia en el marco de la interculturalidad. De ahí, el llamado para que gobernantes, educadores, líderes indígenas, estudiantes, padres de familia y, en general, la sociedad Guainía, tomen conciencia de la riqueza cultural existente en este medio y busquen alternativas para conservarla.